viernes, septiembre 28, 2012

EL CAMINO MÁS LARGO A CASA (RELATO CORTO)


Un día llegué a apostar con un amigo de la infancia  que ese hombre siempre había tenido el mismo aspecto desde que nació. Lo tomamos a broma pero ninguno de los dos sonreímos...ni siquiera nos cuestionamos la veracidad de la observación porque en el fondo, muy en el fondo sabíamos que había algo muy extraño en él.

Pero todo en esta vida tiene dos caras. Generalmente la cara buena suele ser la que está de cara al público. Se coloca en un escaparate con luces de colores y todo el mundo la admira y  se embelesa con ella...olvidándose de que detrás de ese escaparate hay una tienda en la que a su vez hay una trastienda donde se lava la ropa sucia y maloliente.

Pero esa es la cara mala, la que pocos se atreven a ver. Aunque lo más fácil es observarla con indiferencia y mirar a otro lado.
Incluso la persona más respetable, buena y sincera tiene una trastienda. Pero que la veamos o no depende de la mercancía que coloque en el  escaparate o de la intensidad de las luces ornamentales.

Pero si además de hablar de personas, hablamos de cosas o de lugares, la habitación secreta, se hace más secreta debajo de un ser mudo que no nos habla, que parece inocente, incluso puro...sí, en efecto, también las cosas tienen cubículos siniestros.

...de noche el parque era todo lo contrario. A pesar de la luz de las farolas...era un rincón casi tenebroso. Las sombras de los árboles se alargaban entre las pálida luz artificial y daba la impresión de que detrás de los matorrales había alguien o algo acechando.

Era un auténtico mundo paralelo. Cercano a la civilización y a la vez alejado por completo de ella. Un mundo cambiante, vivo, latente...y muchos adjetivos más para los que no existe trascripción en ningún idioma del mundo.
Las cuatro de la madrugada. Ni un solo ruido en el parque.
A lo lejos un tren errante emitía ásperos pitidos. Iba de una ciudad desconocida a otra bajo el manto negro de la madrugada.
Podía sentir el calor protector de unos pasajeros somnolientos. Leyendo, dormitando o incluso durmiendo profundamente... y a infinita distancia de ellos estaba yo. A la intemperie, sin la armadura de guerrero que me protegiese de las flechas del temor.

Al cruzar la zona de los estanques oí un sonido. Era una especie de murmullo apagado.
Procedía de la densa arboleda que rodeaba el estanque más alejado del camino. No vi nada en concreto pero creí haber visto una luz entre los troncos negros de los sauces.
El murmullo era constante, monótono, como la voz de un locutor desde una radio que estuviese dentro de un saco lleno de trapos sucios. Me sobresalté al pensar en ello.
En esa parte del sendero de tierra hacía frío. Los estanques parecían hacer disminuir la temperatura de una noche de verano varios grados.
Al pasar al lado de uno de esos troncos de dedos de madera pude apreciar con claridad el perfil de una diminuta cabaña del tamaño de cuatro cabinas telefónicas unidas por una sustancia gomosa.  A través de lo que parecía ser una ventana (que por el tamaño bien podría haber sido el ojo de buey de un barco) surgía una tenue luz blanquecina. La luz de una lámpara de neón pensé.

Y ese murmullo de hojas secas, monótono, distante, oscuro... no cesaba. Era como un riachuelo lleno de gravilla que serpentease entre la arboleda. “Proviene de la cabaña, esa es la fuente...y ahora estoy en su vertiente a punto de morir ahogado entre un montón de arenisca, polvo y las hojas secas que vienen hacia mí.”-pensé en ese momento. Sí, sentía ese frío cortante, eléctrico y seco que tienen los animales cuando merodean cerca un depredador.
De repente un crujido me sobresaltó.
Sonaba muy cerca de donde me encontraba. Si el hielo se pudiese congelar más, podría describir lo que fluía en mi interior en ese momento, que lejos de ser sangre se podría comparar con algo más denso y gélido.

Miré azorado a mi alrededor y me percaté de que lo que parecía ser una puerta desde esa distancia a la cabaña-de-las cuatro-cabinas-de-teléfono, despedía un fulgor blanco reflejándose en los árboles más cercanos a ella. Parecía luz, pero no lo era. Lo era y no lo era. Como uno de esos cromos-holograma que los mueves a los lados y cambian de imagen como por arte de magia. 

3 comentarios:

  1. Anónimo11:01 p. m.

    el final quedo muy inconcreto

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    Respuestas
    1. Es un extracto de un relato más largo. No lo he puesto entero. Te agradezco que lo hayas leído. Un saludo.
      PD prometo colgar próximamente la continuación si quieres. Gracias.

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  2. Espero que te hayan gustado el resto de relatos y escritos del Blog.
    Agradezco tus críticas y consejos, estimado amigo.Un saludo!

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